Por: Alejandro Moreno – @morenoce10

Con todos los condimentos arrancó la temporada 2021 de la Fórmula 1. Desde momentos de incertidumbre a sensaciones de gloria efímera: Así se vivió el vibrante GP de Bahrein.

Luego de unos interminables 105 días sin la presencia de la máxima categoría automovilística, estaba de vuelta.  Quizás por el contexto, podemos decir que era uno de los más esperados en los últimos años. Una Fórmula 1 llena de vida y expectativa por sus nuevas caras en parrilla y la corazonada de que nada podía salir mal en el circuito nocturno que se vestía de gala en Sakhir.

Los reflectores se quedaban con el gran regreso de Fernando Alonso, el debut de Mazepin, Tsunoda y el hijo del ‘Kaiser’ Mick Schumacher. Vuelta de formación y ya se prendían las alarmas en Red Bull con un Sergio Pérez que perdía la energía en la unidad de potencia. Miles de corazones latinos paralizados con la incertidumbre del mexicano que llegaba con lo justo al Grand Prix luego de un accidentado fin de semana. ‘Checo’ lograba encender el RB16B y alistarse para iniciar la carrera desde el Pit Lane.

El semáforo apagaba sus cinco luces y rezumbaban los motores, Hamilton que no le quería dar un metro distancia a Verstappen que largaba de la mejor manera seguidos por Bottas, Leclerc y un Mazepin que tenía en sus primeras curvas un trompo que lo llevaría directamente a la barrera activando de manera prematura el Safety Car.

El Bahrein GP tomaba vuelo y ya nos dejaba aguerridas luchas entre Leclerc-Norris y Alonso-Sainz-Stroll. En lo alto de las posiciones comenzaba la partida de ajedrez con las paradas en boxes buscando encontrar el Undercut por parte Mercedes a un Max que volaba sobre tierras orientales.

En la vuelta 17, Hamilton lograba recortar el tiempo de parada de Verstappen en pits y se hacía momentáneamente con la punta, mientras el holandés lo acechaba con sus nuevos neumáticos medios. En la 29 sería de nuevo el turno para Max de liderar con un Lewis que se decantaba por las gomas duras para un probable final de carrera.

Un verdadero juego de tronos se vivía en Sakhir entre Verstappen y Hamilton, una batalla que daba la impresión de estar más en favor de la escudería austriaca por el imponente ritmo de ´Mad Max´ que volvía a boxes. Las pulsaciones aumentaban y el cierre de carrera se acercaba con la persecución del joven holandés ante el heptacampeón del mundo.

A falta de 6 vueltas el piloto británico ya veía en los retrovisores a Max que le descontaba más y más décimas por vuelta; “está cocinado”,  se murmuraba en todas las pantallas que seguían la carrera. Parecía inevitable un final con Red Bull celebrando a la cabeza del podio, pero aún estaba el reto más desafiante: vencer el poderío de Mercedes a bordo de la jerarquía de una leyenda.

Batalla titánica la que se ofrecía en las últimas vueltas: ninguno aflojaba y los kilómetros para la meta disminuían considerablemente. Max se ponía a tiro con el DRS y se lanzaba a la caza en la curva 4 rebasándole por el exterior en un brillante adelantamiento. Todo parecía puesto a pedir de boca para Red Bull, pero se mascaba lo improbable entre los comisarios de pista quienes en una medida casi inmediata incendiaron la polémica ordenándole al piloto de Países Bajos perder un puesto por exceder los límites de la pista durante el rebase.

3 vueltas para la bandera a cuadros, Hamilton solo tendría que contener las constantes embestidas de un Max que no podría encontrar el rango DRS de nuevo y tendría que resignarse a un segundo puesto. Positivo para Max, que logra podio; pero daba la sensación de que podía escalar aún más en el camino a la gloria durante su carrera de hoy.

Se abrió el telón de la Fórmula 1 y de qué manera:  tensión hasta la última curva, una gallarda carrera de ‘Checo’ remontando desde el fondo del grid hasta el P5, un soñado debut con puntos para Tsunoda y el presagio de que esta vez SÍ tendremos Mundial.

¡Qué comience la función!