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Cuando un club de la trascendencia de Atlético Nacional es eliminado de Copa, Liga y Libertadores; mostrando un fútbol pobrísimo y una identidad de juego totalmente ajena a 74 años de grandeza, es difícil no hablar de ciclo cumplido. Al parecer, el desenlace de esta corta historia de desamor no puede ser otro entre cuerpo técnico y Atlético Nacional. Alexandre Guimarães: ciclo cumplido.

Colombia es un país que siempre ha preferido huir de sus verdades y esto se extrapola a todos los aspectos de su sociedad. Basta con ver la realidad actual que atravesamos para darnos cuenta de que preferimos negar, tapar, que todo esté vuelto nada pero calladitos mejor. 

Esta semana, cuando la barra popular más grande y representativa del país, le cantó un montón de verdades al plantel de Atlético Nacional, hubo un montón de mojigatos que saltaron de sus asientos. Muchos de ellos aprovecharon sus micrófonos, para reprochar las “formas”; pero, ¿alguno fue capaz de defender con argumentos veraces al cuerpo técnico de Guimãraes y a sus dirigidos? Pues la verdad es que no. Todas las voces que llegaron en contra de esta legítima protesta vinieron desde el sesgo y de esa corrección política que, entre otras cosas, tiene al país llevado del que sabemos. 

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Estos mismos señalados por la floja forma de realizar su trabajo (extraordinariamente remunerado por cierto) horas después, y ante los ojos de todo el continente, demostraron que lo único que Los Del Sur tenían era la razón. La vergonzosa derrota frente a Universidad Católica, sin patear al arco, sin pundonor, sin carácter alguno y con la ausencia de autocrítica de siempre son los ingredientes que refuerzan la hipótesis de que lo de Alexandre Guimarães es ciclo cumplido.

El club deportivo más ganador de este lado del continente se acostumbró, desde el año 2018, a hacer papelones prácticamente en todos y cada uno de los certámenes oficiales que disputa y esto es una situación insostenible. 

Insostenible como la continuidad de Alexandre Guimarães al frente del Rey de Copas, así como resulta imposible mantener al 80% de una nómina que no tiene la menor idea de la camiseta que se pone cada que sale a la cancha y que su común denominador en estos años es el fracaso. 

Tres torneos disputados, ninguno ganado. Chao. Pasa en cualquier club grande de cualquier país del mundo y, mucho más, si le sumamos una identidad de juego que dista por completo de la que ha hecho grande a esta institución y un hombre en el banquillo que ofrece temores, pocas soluciones y muchas excusas. Todo parece indicar que más temprano que tarde esto pinta para Alexandre Guimarães: ciclo cumplido