Hace muchos años, tantos que no recuerdo exactamente cuántos, Deportivo Independiente Medellín iba ganando como local por un gol de diferencia. Un pase atrás de un compañero terminó en un tiro de esquina que cedió David González y el cuadro visitante empató en la última acción del partido.

Fue la primera y creo que la única vez que sentí verdadera rabia hacia él. La primera porque desde que debutó en el 2002 sabía que se convertiría en algo grande para la institución y la hinchada. La única, ya que lo bueno que le dio al Poderodo siempre pesó más que lo malo.

Con equivocaciones, sí, pero bastantes más aciertos, David se instaló en el corazón de infinidad de seguidores del Rojo. Y es que en la tradicional y sufrida historia del DIM, un jugador con cuatro títulos tiene un lugar indebatible entre los ídolos.

Su salida del club con una simple rueda de prensa y el retiro del número 22, no correspondió a lo que fue su trayectoria en el equipo de sus amores. Su deseo de continuar en el Medellín, a pesar de los errores que cometió en las últimas temporadas, debió influir más para que la situación se abordara de otra manera.

Sin embargo, era una decisión tomada por los directivos y en la que los seguidores no tuvimos voz ni voto. Lo que él y miles soñamos, no sucederá: el 2 de diciembre de 2020, David le dijo adiós al fútbol activo en el Deportivo Cali y no en su «Rojito».

Nada ni nadie borrará lo que González logró y su importancia en los cuatro campeonatos en los que figuró: 2002-II, 2004-I, 2016-I y Copa Colombia 2019.

En la memoria quedará para siempre la celebración de David después de los penales contra Cortuluá; ese grito de alegría y desahogo. Oh, González, qué grande sos vos. Solo resta por decir: ¡Gracias!