El hijo de Juan Pablo Montoya heredó la gloria en Montecarlo al subirse al podio tras una sanción a Arvid Lindblad. Un tercer lugar que lo conecta con la victoria de su padre en la F1 hace 22 años.
Sebastián Montoya vivió este fin de semana un momento que quedará marcado en la historia del automovilismo colombiano. En las estrechas y desafiantes calles del Principado de Mónaco, el piloto del equipo Prema Racing consiguió su primer podio en la Fórmula 2, categoría antesala de la F1, al terminar oficialmente en el tercer lugar del sprint race.
Aunque cruzó la línea de meta en la cuarta posición, Montoya fue beneficiado por una sanción impuesta por la dirección de carrera al británico Arvid Lindblad (Campos Racing), quien recibió cinco segundos por exceder el límite de velocidad en la zona de pits. Esto permitió que Sebastián ascendiera al tercer puesto, detrás de Jak Crawford y Leonardo Fornaroli, los otros protagonistas de una carrera llena de estrategia y precisión milimétrica.
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El podio de Montoya no solo representa un gran paso en su desarrollo como piloto, sino que tiene un valor simbólico enorme para el automovilismo colombiano. Hace exactamente 22 años, en 2003, su padre, Juan Pablo Montoya, logró una histórica victoria en este mismo circuito al volante de un Williams-BMW en la Fórmula 1. Hoy, su hijo comienza a escribir su propio capítulo en el mismo escenario.
Con este resultado, Montoya demuestra que sigue creciendo en una de las categorías más exigentes del automovilismo mundial. Su progreso constante y la madurez que muestra en pista lo consolidan como una de las grandes promesas del deporte motor en Colombia y en el mundo. El apellido Montoya vuelve a brillar en Montecarlo, esta vez, con una nueva generación al volante.

