La discusión por los derechos de televisión del fútbol colombiano volvió a ocupar el centro de la escena. Tras la postura asumida por ocho de los clubes más importantes del país, muchos aficionados se preguntan cómo funciona actualmente la distribución de estos recursos. La respuesta explica, en buena parte, el origen del conflicto que hoy divide a la Dimayor y a varias de sus instituciones más representativas.
Actualmente, Win Sports paga a la Dimayor una licencia anual que ronda entre los 55 y los 60 millones de dólares, cifra que representa la principal fuente de ingresos para la gran mayoría de los clubes del fútbol profesional colombiano. Ese contrato, vigente hasta 2026, sostiene buena parte de la operación económica de las instituciones, especialmente aquellas que cuentan con menores ingresos por taquilla, patrocinio o venta de jugadores.
El dinero que recibe la Dimayor se distribuye entre los 36 clubes afiliados al fútbol profesional. Sin embargo, el reparto no es exactamente igual para todos. La mayor parte de los recursos se destina a los 20 equipos de la Primera División (Liga BetPlay), mientras que los 16 clubes del Torneo BetPlay reciben una porción menor del total.
Dentro de cada categoría, la distribución sí es equitativa. Es decir, todos los clubes de la Liga BetPlay reciben la misma cantidad de dinero entre sí, al igual que ocurre con los equipos de la segunda división. El modelo no hace diferencias por audiencia, títulos, cantidad de aficionados, rendimiento deportivo o impacto comercial.
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Precisamente ese es el punto que ha generado el inconformismo de Atlético Nacional, Millonarios, América de Cali, Junior, Independiente Medellín, Independiente Santa Fe, Deportivo Cali y Once Caldas. Los llamados «ocho grandes» consideran que el sistema no refleja el valor que aportan al negocio televisivo, pues son los equipos que concentran las mayores audiencias, movilizan más hinchas y generan un mayor interés entre patrocinadores y operadores.
La discusión ahora gira en torno a si Colombia debe migrar hacia un modelo similar al de otras ligas del mundo, donde una parte de los ingresos se reparte de manera igualitaria y otra se asigna según variables como el rendimiento deportivo, el rating televisivo, la asistencia a los estadios o el peso comercial de cada institución.
Con el contrato de televisión próximo a renegociarse, el debate promete intensificarse. Lo que para algunos representa un sistema solidario que garantiza la sostenibilidad del campeonato, para otros se convirtió en un modelo que dejó de responder a la realidad económica del fútbol colombiano. La decisión que tome la Dimayor podría cambiar para siempre la manera en que se financia el deporte más popular del país.

