La paciencia de la afición del Junior de Barranquilla llegó al límite. Tras una campaña para el olvido y el empate 1-1 frente al Deportivo Pereira, que dejó al equipo al borde de la eliminación de la Liga BetPlay II-2026, un grupo de hinchas vandalizó los vehículos de Guillermo Paiva y Jesús Rivas, además de pintar mensajes intimidantes en la sede deportiva Adelita de Char. El club rechazó categóricamente los hechos y pidió respeto ante el difícil momento deportivo.
La crisis del Junior pasó de las críticas por los resultados a los actos de vandalismo. En la mañana de este jueves 15 de octubre, la sede deportiva Adelita de Char, ubicada en el sector de Salgar, en Puerto Colombia, fue escenario de una protesta que terminó con daños en las instalaciones y en los vehículos particulares de dos futbolistas del conjunto rojiblanco.
Las imágenes que comenzaron a circular en redes sociales mostraron los automóviles de Guillermo Paiva y Jesús Rivas vandalizados con pintura y grafitis. En uno de los vehículos quedó escrito el mensaje «Pongan huevos», una expresión utilizada por algunos aficionados para reclamar mayor entrega y compromiso de los futbolistas en medio de la mala campaña.
La situación fue más allá de los automotores. En la entrada de la sede deportiva también aparecieron mensajes intimidantes, entre ellos la frase «Sin vida. En Junior se juega a muerte», acompañada de las iniciales LBK, relacionadas con la barra La Banda de los Kuervos. Según los reportes de medios locales, también se registraron daños materiales en los vehículos, incluidos vidrios y retrovisores.
El episodio se produjo horas después del empate 1-1 frente al Deportivo Pereira, en un compromiso aplazado de la Liga BetPlay II-2026 que aumentó la frustración de la hinchada. Junior no logró imponerse ante uno de los equipos comprometidos en la parte baja de la tabla y dejó escapar puntos que necesitaba para mantener vivas sus aspiraciones de clasificación.
El panorama resulta especialmente preocupante para una institución que venía de conquistar dos títulos consecutivos de Liga. El equipo pasó de celebrar campeonatos a afrontar un semestre en el que los resultados no han acompañado, el rendimiento colectivo ha sido cuestionado y la posibilidad de quedarse por fuera de los cuadrangulares semifinales es cada vez más cercana.
De acuerdo con los reportes publicados este jueves, Junior tiene 11 puntos y necesita ganar los seis partidos que le restan para alcanzar un máximo de 29 unidades, además de depender de otros resultados para aspirar a la clasificación. La situación deportiva explica el malestar de una parte de la afición, pero no justifica los ataques contra los futbolistas ni los daños a sus bienes.
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Ante lo ocurrido, Junior FC emitió un comunicado en el que rechazó de manera contundente los actos de violencia registrados en su sede deportiva. La institución reconoció el difícil momento que atraviesa y manifestó que comprende la inconformidad y las exigencias de sus seguidores, quienes esperan ver al equipo nuevamente en los primeros lugares del fútbol colombiano.
Sin embargo, el club fue enfático al señalar que ninguna circunstancia justifica la violencia como mecanismo de protesta. También hizo un llamado a la cordura, el respeto y la convivencia, e insistió en que el diálogo y el compromiso son las vías para superar las dificultades y trabajar por los objetivos deportivos.
La situación vuelve a poner sobre la mesa los límites de la presión que puede ejercer una hinchada sobre su equipo. Las críticas, los reclamos y la exigencia de resultados forman parte del fútbol, pero los daños materiales y los mensajes intimidantes cruzan una línea que compromete la seguridad y la convivencia dentro de una institución deportiva.
Junior atraviesa uno de los momentos más difíciles de su temporada y necesita respuestas futbolísticas urgentes para evitar que el semestre termine en fracaso. Pero mientras el equipo intenta encontrar el camino de regreso a los resultados, el mensaje debe ser claro: la inconformidad se puede expresar, la exigencia es legítima, pero la violencia nunca será una solución.
