Mientras en Bogotá y Cali los empates sin goles dejaron poco para recordar, Independiente Medellín y Atlético Nacional demostraron por qué su duelo es considerado el mejor clásico del país. En una noche pasada por agua, el Atanasio Girardot fue testigo de un partido intenso, vibrante y con un marcador final de 3-3 que honró la grandeza de esta rivalidad.
Las tribunas fueron protagonistas desde el inicio: un estadio dividido, con ambas hinchadas cantando bajo la lluvia y demostrando que el clásico paisa no solo se juega en la cancha, sino también en la fiesta que lo rodea. Ya en el terreno, la intensidad fue inmediata. Apenas al minuto 5, Bryan León adelantó al Medellín, encendiendo la ilusión roja. Sin embargo, Nacional reaccionó de inmediato: Facundo Batista igualó al 7’ y, tras un penalti, puso el 2-1 parcial al 23’.
El poder ofensivo del DIM no tardó en responder. Al 26’, León volvió a aparecer para decretar el 2-2, cerrando un primer tiempo frenético. En el arranque de la segunda mitad, Leyser Chaverra devolvió la ventaja al Poderoso desde los doce pasos, pero la última palabra la tuvo Alfredo Morelos, quien a los 77’ firmó el definitivo 3-3 que desató la euforia en las gradas.
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Por los goles, la intensidad, el colorido y la convivencia de las dos aficiones, este clásico paisa volvió a dejar en evidencia que no hay otro en Colombia que se le compare. Una vez más, Medellín y Nacional brindaron un espectáculo inolvidable que engrandece la historia de este duelo eterno.

