El 9 de agosto de 1995 quedó grabado en la memoria del fútbol sudamericano. Ese día, en el Atanasio Girardot, René Higuita no solo defendió el arco de Atlético Nacional, también dio una lección magistral de cómo ejecutar un tiro libre ante uno de los gigantes del continente: River Plate. Han pasado 30 años de aquel gol inolvidable que sigue siendo parte del legado eterno del arquero más excéntrico y genial del fútbol colombiano.
Corría la Copa Libertadores de 1995 y Nacional enfrentaba a River en una llave decisiva. El partido en Medellín estaba cargado de tensión, pero en medio de esa atmósfera apareció la magia. Higuita, con esa personalidad que lo caracterizaba, pidió el balón para cobrar un tiro libre al borde del área. Con un gesto técnico impecable, abrió el pie y le dio la comba perfecta: la pelota pasó por fuera de la barrera y se incrustó en el ángulo. Una obra de arte firmada por un arquero que nunca se conformó con ser solo guardameta.
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El gol no solo fue estético y espectacular, también fue determinante. Nacional logró avanzar tras una dramática definición por penales y se metió en la final de la Copa. Ese tanto, junto con el mítico escorpión que Higuita inmortalizó en Wembley, forman parte de los momentos que lo elevaron a la categoría de leyenda mundial.
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Higuita terminó su carrera con 41 goles oficiales, un registro impensado para un portero. Pero más allá de la estadística, lo que dejó fue un estilo irrepetible: un arquero que rompió esquemas, que se animó a patear faltas y penales, y que aquella noche de agosto, frente a River, enseñó que la belleza y la audacia también tienen espacio bajo los tres palos.

